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En
las pocas pausas durante el día, casi como si fuera
planeado, se daban los momentos de evangelización,
en las casas y en la Iglesia, donde antes de la misa se
preparaba a la gente para la confesión y se daba
el catecismo a los niños. También había
ratos meramente dedicados a resolver las dudas de la gente
y al terminar la misa , el P. Guerra daba una gira llevando
los sacramentos a los enfermos, gente que en su mayoría
nos dió su testimonio impactante de fé, de
sencillez y de auténtico amor.
Al
terminar todas estas actividades tratábamos de cenar
juntos y al terminar nos reuníamos para nuestras
últimas oraciones y buscando el descanso para mantener
el ritmo de trabajo al día siguiente.





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