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La Fundación Manto de Guadalupe realiza su Primera Misión

Las fotos las colocaré en el mismo orden de como fueron pasando los días

La Fundación Manto de Guadalupe fundada por Eduardo Verástegui en diciembre del 2005, que en principio busca salvar a los niños del aborto y generar la adopción, pero que también está interesada en ayudar, formar y evangelizar a los más necesitados, realizó su primera Misión en el ejido Praxedis Balboa, municipio de Soto La Marina en el Estado de Tamaulipas, México, donde se encuentra una comunidad rural que vive en extremo de mucha pobreza.

La Misión duró del 21 al 25 de mayo, en esta ocasión la Fundación Manto de Guadalupe decidió construir varias casas para la gente que vive en extremo de pobreza y construir y reparar alrededor de 60 techos.
Eduardo se puso de acuerdo con el Padre Juan Guerra y fue así como Juventud Misionera unió fuerzas con Manto de Guadalupe en este esfuerzo por llegar a los más necesitados.

La cita fue el 21 de mayo en el aeropuerto de Monterrey, donde Eduardo Verástegui se reunió con el Padre Guerra y un equipo de 15 jóvenes ( procedentes de Atlanta, Michigan, Nebraska, Monterrey, Saltillo, Tampico y el D.F) listos para emprender una misión.

La primera noche la pasamos en un rancho en Tampico, donde tuvimos nuestra primera misa juntos, que de hecho fue el regalo de cumpleaños que Eduardo había pedido al P. Guerra pues ese mismo día cumplía 33 años.

Aquella noche cenamos todos y aprovechamos para conocernos un poco y descansar preparándonos para la Misión.

Al día siguiente, tuvimos nuestra primera meditación y al terminar la misa y el desayuno, preparamos todo para salir. Llegamos a un pueblo llamado Los Bellos ( se visitaron tres pueblos vecinos entre sí, un poco desérticos y muy calurosos. Los pueblos eran Plagedes Balboa, Pancho Villa y Los Bellos ) y mientras todos levantábamos las tiendas de campaña, donde dormiríamos, Eduardo y el P. Guerra se fueron a recorrer todas las casas y a conocer a la gente para decidir donde deberíamos de construír las casas.

Aquel día dejamos todo listo para empezar a trabajar al día siguiente y algo especial sucedió durante la primer misa que el P. Guerra nos celebró con el pueblo. En esos pueblos no hay luz, y al tocar la campana para llamar a la gente ya estaba oscureciendo. Llegaron tres personas para empezar la misa y un poco más tarde, al terminar la primera lectura vimos como la Iglesia estaba llena a tope y desde ese momento, los misioneros y el pueblo, fuímos un sólo grupo. Ahí empezó la experiencia, la convivencia y el intercambio de riquezas, nosotros que ofrecíamos un poco de tiempo y trabajo para construir casas y compartir la fe y ellos que nos regalaron constantes atenciones y mucha generosidad.

Al día siguiente nos levantamos temprano, tuvimos nuestra meditación y después de un breve desayuno comenzamos a construir. Fue un día de contínuo trabajo, y sin que nadie dijera nada, de la forma más espontánea, empezó a brotar un ambiente muy positivo, lleno de caridad y muy motivador. La gente se acercaba y los niños empezaban a ayudar y en todos se reflejaba la sensación de gustar a Dios a través de la cara.

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